Mi experiencia perdonando y dejando ir el pasado

January 11, 2020

Desde mí llegada a ésta tierra (como todos nosotros) he vivido experiencias y aceptado creencias en mi subconsciente sobre mi entorno; unas mías, otras que les pertenecen a mi familia, cultura y sociedad. El camino de la vida y sus asperezas con crueldad me han mostrado que todo esto que he aprendido es solo una visión de mi mundo interior. Que he generado emociones y pensamientos sobre mí misma que son totalmente erróneos, desde no sentirme suficiente buena para ser amada, aceptada, para tener el trabajo que quiero, las finanzas que quiero, la paz que quiero. Y es que cuando miraba el pasado creía que ya había superado mucho de lo que me hizo sufrir y me doy cuenta de las experiencias que una y otra vez con distintos personajes, manifestaron esas creencias que acepté en mi subconsciente para darme cuenta que lo que pensaba y sentía no resonaba con la verdad de mi esencia.

 

Manifestaba en mi vida, en mi realidad, las creencias y patrones que mi familia me dijo como la vida debía de ser. Por ejemplo, en una sociedad muy conservadora mi familia literal parafraseaba ideas que ponían a la mujer en un nivel más bajo que el hombre, desde juzgarlas por su ropa, su exposición de piel, su conducta “promiscua” y condenarlas por ello. Es así que a nivel subconsciente crecí con la frustración de ser mujer, tenía que rechazarme por mi propia naturaleza, porque nada bueno se decía de la mujer y así tenía que ser masculina porque eso era “bueno” (la polaridad). He tenido muchas experiencias en mi vida que me han puesto en posiciones que desafían esas creencias sobre lo femenino, siendo yo el testimonio (para mí misma y para los demás) que esa creencia solo era una limitante. Sí, la gente tuvo sus críticas y opiniones. Pero al final eso fue un granito de arena a un cambio social de pensamiento de género al menos a mi alrededor. Que el valor de la mujer no está en sus experiencias, ni conductas, ni en su cuerpo, sino en su interior y en sus virtudes, en la capacidad de dar amor, de hacer reír a los demás, de perdonar, caminar erguida, de compartir su luz y sabiduría y de aceptar sus derrotas.

 

En los últimos años he estado trabajando mis experiencias dolorosas del pasado como casos aislados creyendo que aprendí la lección. Pero justo estas dos últimas semanas he hecho el trabajo de mi vida, poniendo todas las piezas del rompecabezas juntas para ver todo desde arriba. ¿Cuáles son las piezas del rompecabezas? Pues, las experiencias, los pensamientos y las emociones que surgen constantemente, diariamente, los mensajes de la gente que me rodea y cómo reacciono y en base a qué reacciono ante ellas, mis despertares en las distintas terapias, disciplinas y ceremonias a lo largo de mi vida, en mis meditaciones, hasta el más poderoso de todos; en mi trabajo con plantas maestras. Sí, todo esto requiere un compromiso a estar alerta y despierto por eso tuve que alejar en la medida de lo posible lo que más me distraía de mi bienestar, desde amistades, trabajos, hábitos de pensamiento, alimentación, ejercicio  y respiración.

 

Cuando te toca experimentar una situación difícil y traumática, las emociones y los pensamientos toman el control de la maquina humana, generando nuevos pensamientos y emociones, hijos e hijas de los anteriores, que nos ponen en el centro del caos, sentir que algo TE está pasando, te distrae de la posibilidad de ver otros puntos de vista, nos aferramos a que alguien nos hizo daño. Y tal vez es tan doloroso que ya no queremos más de eso, lo enterramos y no queremos sufrirlo más, porque además esa emoción y pensamiento está confirmando esa creencia no resuelta, que no es nuestra y que le causó dolor a tu familia. Es por eso que las prácticas para estar en tu centro son útiles, porque en medio de la tormenta hay claridad y balance.

 

Una de las cosas que aprendí es que si no se vive la emoción y se reprime, ésta emoción va a salir una y otra vez hasta que la reconozcamos. Debemos reconocerla y saber que también somos y tenemos oscuridad, que no solo somos luz (la dualidad). Gracias a éste reconocimiento poderosísimo fue que descubrí un camino que me llevó a éste punto, estar dispuesta a soltar. A entender que lo único que puedo hacer es soltar esa emoción aunque duela, es dejar ir esas emociones que he reprimido. 

 

 

Dejarlo ir, nunca he entendido más ésta frase como ahora. ¿Pero cómo?  Primero me pregunto ¿por qué me duele tanto? ¿Qué hay detrás de ese dolor? ¿Qué me hace sentir o creer sobre mí misma? ¿Abandonada? ¿Rechazada? ¿Qué pienso de mí cuando me ocurrió lo que me ocurrió? Esto es una pieza del rompecabezas. De aquí viene un entendimiento. Una vez que entiendes con la mente (porque el perdón viene del corazón), como en mi caso, que por ser mujer no me sentía lo suficientemente buena, que tenía que aspirar a ser alguien más, y esto  me causaba ansiedad, estrés y rechazo porque obviamente eso que quería ser era ya rechazar quien realmente soy. En éste lugar puedo explorar y entender de donde viene, explora tus raíces, conoce la vida de tu tus antepasados y entenderás que has venido a ésta tierra, en ese país, a ésta familia, para romper esa energía. Entender que ellos en su ignorancia e inconsciencia así como tú, vivían las creencias y pensamientos de sus padres, sociedad y entorno. Aquí es cuando viene la compasión y no hay más culpables. Es hora de perdonar.

 

Ayer, mientras meditaba, decidida a perdonar, hice una técnica que uso con mis clientes, es todo un proceso, una técnica que involucra la preparación del cuerpo y la mente para entrar a estados alterados de conciencia, para acceder a éstas memorias y transmutar el pasado. Fue que después de conectar con la fuente infinita entré en mi corazón, le pregunté a mi cuerpo, ¿Dónde está alojado éste dolor? Y mi cuerpo reaccionó con un pinchazo en mi ovario. El subconsciente trabaja directamente con la imaginación y la creatividad. Confianza, corazón, la mente está de vacaciones, viajé desde mi corazón por mi torrente sanguíneo hasta llegar a mi útero y al entrar a ésta cueva, vi el más hermoso santuario. Navegaba, no, me deslizaba suavemente en un barco, entre filamentos que destellaban impulsos eléctricos de colores que se movían como un campo de trigo danzando con el aire, saliendo mariposas a mi paso y todo alrededor eran colores rosados, me invadía el amor, la paciencia y la protección de éste sagrado lugar femenino de la creación, algo como cuando estabas en el vientre materno. Al dirigirme hacia mi ovario punzante había una persona en la orilla y mi barco se acercó a esta persona, él me ayudó a salir de mi barco, me tomó de la mano y al verle la cara, me encontré con el causante de mi primera decepción amorosa. Al tenerlo frente brotaron las emociones de miles de recuerdos de ese momento, resentimiento, dolor, pena, culpa, mucha culpa de cómo esa experiencia con él se desarrolló y vi a todos los personajes involucrados. Fué como re-vivirlo. Tenía a cada uno de los personajes frente a mí y podía sentir la razón por la cual ellos hicieron lo que hicieron y no ME lo hicieron. Yo también causé mucho daño, era experiencia Kármica claramente. Ellos sufrían también, a ellos los abandonaron, los maltrataron, y todos, ahí mismo parecíamos las piezas perfectas que encajábamos para todos aprender una gran lección. Sentí lo que ellos “los malvados” sentían y sus creencias, y entendí que yo también fui una malvada y fue que pude sentir compasión por mí y por ellos. Entonces les hablé de mi dolor, les agradecí por lo que me enseñaron sobre mí misma y que entendía que a ellos también les dolía su pasado y que no se dieron cuenta de lo que hicieron y que es hora de dejarlos ir. Y así con un abrazo los vi, felices deseándoles bien, volando con alas saliendo de mi cuerpo. Pero el personaje que sentía la necesidad de perdonar más fue a mí misma, me vi en mi dolor y entendí que por ser una juez cruel de mí misma, por creer tanta basura sobre mí, seguía atada a ese pasado. La abracé, la besé, la consolé, le expliqué lo que pasó, y gradualmente la vi liberarse, entendiendo, y al fusionarme con esa yo de ese momento pudimos dejarlo ir, Paz, liberación, lágrimas de alegría por ésta oportunidad.

 

Más tarde contando ésta experiencia un amigo que compartimos interés por el camino me preguntó, ¿Pero cuando estás segura de que ya lo dejaste ir? Y creo, en mi humilde opinión, que cuando miras atrás a esa experiencia, y lo único que sientes es gratitud y paz.

 

Si no sabes perdonar, no importa, lo que importa estar dispuesto a perdonar y así comienza el proceso. Si el dolor te come, respira, tu también has hecho mucho daño y no te has dado cuenta, ésta es una lección para aprender sobre ti, todo lo que pasa a tu alrededor es un reflejo de lo que hay dentro, mira bien sin juicio con actitud de aprendiz y reúne tus piezas.

 

En estos tiempos en mi trabajo y en mi vida personal me he dado cuenta que muchos de nosotros, mujeres y hombres estamos en un proceso muy fuerte de dejar estas creencias, estamos en una nueva era, una era de vibración sutil, por eso la densidad está golpeando la puerta para que la dejes salir de tu vida y renacer a tu esencia.

 

Namaste

 

Erika 

 

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